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Procrastinar no es flojera
Es una negociación con la vergüenza. Por eso la motivación casi nunca funciona.

Cierras el computador a las 11 diciendo que mañana sí. A las 3 a.m. el documento sigue en blanco y el self-odio ya está escrito. Eso no es un defecto moral. Es evitación.
Qué está evadiendo el cerebro
Casi nunca es “la tarea”. Es el juicio: que salga mal, que se note que no entendiste, que confirmes la historia de que no eres de los aplicados. Empezar tarde tiene un premio secreto: si sale mal, fue por el tiempo, no por ti.
Baja el listón del primer paso hasta que sea ridículo. Abrir el archivo. Escribir una frase fea. Diez minutos. El estándar de brillantez es el freno, no el motor.
Si evades todo —no solo el ensayo, también la ducha y los mensajes— mira más de cerca. A veces lo que llamamos flojera es ansiedad o un bajón. En ese caso, la técnica de los 10 minutos no basta. Hablar sí.
